EL ABORRECIMIENTO AL CICLISTA

27.08.2018

Desde hace un tiempo, en A Coruña se aprecia un odio a los usuarios de la bicicleta. No es un fenómeno nuevo, sino algo cotidiano que ha ocurrido y ocurre en muchas ciudades. Como el origen de esta animadversión es diverso, haremos referencia sólo a tres de sus fuentes habituales.

La primera está formada por un número significativo de automovilistas, que observan impotentes cómo unos intrusos tienen la osadía de pedalear por "sus" carreteras y calles, alterando malintencionadamente la libre circulación y obligándoles a reducir la velocidad. Estos automovilistas esgrimen variopintos argumentos sin fundamento alguno para intentar impedir que los ciclistas circulen por "su propiedad", pero olvidan o ignoran que la bicicleta nació mucho antes que el automóvil, y que las primeras carreteras fueron construidas hace más de un siglo para las bicicletas y que con los años los ciclistas fueron expulsados de ellas a medida que crecía el número de automóviles y con ellos los abusos y atropellos. Hora es ya de revertir esta situación y cambiar nuestro caduco sistema por otro acorde con el tiempo que vivimos, tal como están haciendo muchas ciudades españolas y de todo el mundo.

Otra de las fuentes de esta repulsión hacia el ciclista se halla en el desconocimiento o en la intransigencia de determinadas personas o colectivos que ven peligrar sus legítimos o ilegítimos intereses. Entre los primeros encontramos a algunos comerciantes que viven convencidos de que los carriles bicis o los carriles compartidos por automóviles y ciclistas, así como las zonas peatonales, condenarán al cierre sus establecimientos, cuando está sobradamente demostrado que los espacios donde se reduce o elimina el tráfico de vehículos de motor cobran vida y las personas pueblan aceras, calles y plazas y resurge el comercio de proximidad, por supuesto siempre que sea competitivo y se adapte a las preferencias del consumidor de hoy. Pretender que exista una zona de carga y descarga delante de cada comercio es una quimera, y ceder ante estas peticiones una temeridad. La Concejalía de Movilidad debería fomentar e incluso subvencionar el sistema de "reparto de la última milla", en lugar de consentir que camiones de tonelaje medio, furgones y furgonetas ocupen gran parte de la ciudad, en ocasiones para repartir paquetes de apenas 200 gramos. La experiencia demuestra que el aumento del número de ciclistas no perjudica al comercio de proximidad, muy al contrario lo beneficia, así que queremos tranquilizar a las personas que temen que sus negocios sufran pérdidas. El mundo entero avanza cara a una racionalización y regulación del tráfico, y A Coruña no debe ni puede ser una excepción.


En cuanto a aquellas personas que reivindican derechos o intereses ilegítimos se encuentran quienes caen en el error de creer que las calles son aparcamientos gratuitos para coches, cuando en realidad se trata de espacios públicos para uso y disfrute de las personas, por tanto deben ser redistribuidos de modo proporcional y equitativo. Así, quienes piensan de este modo suelen encolerizarse porque la construcción de un carril bici eliminará "plazas de aparcamiento", cuando en realidad lo que se está haciendo es darle un uso más apropiado a una parte de la calzada. Hay que recordarle a estas personas que el hecho de poseer un automóvil no lleva implícito el derecho a aparcar en la calle -y mucho menos en doble fila, subido a una acera o en la parada del autobús-, y que el erario público no debe sufragar una plaza de aparcamiento; cada cual debe aparcar su vehículo en un garaje, público o privado, o en las zonas habilitadas para ello y abonar, en su caso, el importe correspondiente. Poseer un coche resulta caro, es cierto, pero el Estado ya hace más que suficiente subvencionando la compra de vehículos de motor de combustión, cosa que no hace con las bicicletas.

Estos últimos días hemos podido leer en un conocido diario frases como "En A Coruña no se mueve tanta gente en bicicleta como para que hagan un carril bici por toda la ciudad. Aquí se usa más para ocio o deporte", o "Aquí siempre hay unas retenciones que no veas y coches en doble fila por las mañanas por el colegio. No hay donde aparcar para dejar a los niños". Pues bien, en A Coruña cada día hay más gente que utiliza la bicicleta como vehículo habitual para sus desplazamientos diarios, así que la construcción del carril bici por toda la ciudad está más que justificado, y cualquier país que se precie de haber entrado en el siglo XXI no puede dejar de obviar esta realidad. En los mismos términos, aparcar en doble fila y llevar a los niños en coche al colegio debe dejar de ser una práctica ordinaria y consentida por las autoridades para convertirse en algo extraordinario y sancionable. Conocemos perfectamente La Cubela y la doble fila constante que forman coches cuyos propietarios se encuentran en el bar más cercano o la triple fila que se forma en el colegio Francisco Javier. ¿Es que esos padres y madres no pueden desplazarse a acompañar a sus hijas andando? ¿Viven acaso a varios kilómetros del centro de estudios? No nos engañemos, puede existir alguna persona que resida a cierta distancia del colegio, pero la inmensa mayoría lo hacen en las proximidades. Lo que ocurre es que hay gente que no concibe desplazarse en otro modo de transporte que no sea su propio coche, y cuando llueve se multiplica el número de automovilistas ya que caminar un kilómetro o dos al amparo de un paraguas resulta una hazaña sobrehumana. En cualquier caso, este amontonamiento de coches privados frente a centros escolares existe porque se consiente, por eso es urgente que la autoridad competente adopte medidas contundentes para solucionar esta sinrazón.


La tercera fuente de este desprecio al ciclista surge precisamente de quien debería combatirlo: la Concejalía de Movilidad. Sus actuaciones erráticas y deficientemente asesoradas, su incumplimiento de plazos, su permisividad con la conducta de buen número de ciclistas -ya sea derivada de la falta de información, de una normativa que no se cumple o de una señalización inexistente-, su incumplimiento de plazos de ejecución de obras, sus continuas promesas y publicaciones en los medios de comunicación y redes sociales, su inicio y paralización de obras, etc. desorientan a la ciudadanía y fomentan, sin pretenderlo, la controversia y el enfrentamiento entre peatones, ciclistas y automovilistas. El carril bici y el ciclocarril de la Ronda de Outeiro adolecen de serias deficiencias. La más significativa es el espacio existente entre el carril bici y la zona reservada para aparcar coches y motos, donde se ha optado por un simple pintado y unos nada funcionales topes de goma en lugar de una acera estrecha con bordillos romos, que es lo recomendable y usual en estos casos, la cual bien podría haberse sufragado con el dinero malgastado en la imprevista e innecesaria obra de Primo de Rivera. Todas estas actividades e inacciones del edil del ayuntamiento coruñés, que suele informar de las obras cuando el proyecto ya ha sido aprobado impiden que asociaciones como Crunia puedan aportar otros puntos de vista en esos malentendidos presupuestos participativos. Nadie duda de sus buenas intenciones, pero es la forma de llevarlas a la práctica lo que lo convierte en blanco de duras y merecidas críticas de la oposición y de la ciudadanía en las redes sociales.

La Asociación de Ciclistas Crunia quiere dejar bien claro que está totalmente a favor de la construcción de carriles bici por toda la ciudad, y queremos una ciudad con menos humos y más movilidad activa, menos sedentaria y más saludable, con tráfico pacífico y armonioso, donde el coche sea el invitado y los peatones y ciclistas los anfitriones, una ciudad moderna y no obsoleta... Deseamos, como cualquier ciclista, una ciudad amable y ciclable, no una ciudad crispada y hostil.

Queremos colaborar con este gobierno local, como lo hemos hecho con los anteriores y lo haremos con sus sucesores, pero nunca nos limitaremos a desempeñar el papel de meros palmeros. Por eso dejamos oír nuestra voz para aclarar que no queremos ser cómplices con nuestro aquietamiento ni de la actuación de la concejalía ni de las quejas sin fundamento de los vecinos. La obligación de la Asociación de Ciclistas Crunia, como establecen sus estatutos, consiste en vigilar las actuaciones públicas en materia de movilidad, reconociendo los méritos del concello cuando así corresponda pero también denunciar su mal proceder. Así que aprobamos la medida de destinar estos escasos 475 metros de calzada en la Ronda de Outeiro a un fin más apropiado porque, lejos de producirse atascos en ese tramo, como afirman algunos, los automóviles circulaban por ellos con frecuencia a velocidad excesiva -del mismo modo que lo hacen desde Pérez Ardá hasta la estación de San Cristóbal- o los utilizaban para estacionar en doble fila. También animamos al concejal a que no ceda ante la mínima presión vecinal y que continúe sin pausa acometiendo mejoras que favorezcan la movilidad sostenible y protejan la integridad física de peatones, ciclistas y demás personas que utilicen vehículos de movilidad activa. Indecisión y ausencia de convicción a la hora de ejercer sus funciones no son cualidades propias de un buen gobernante sino defectos que ponen al descubierto la debilidad de carácter, algo que la ciudadanía no admite en ningún caso.

Esta indeseable situación se podría haber evitado si durante estos tres últimos años el concello hubiese realizado una labor pedagógica, informando convenientemente a la ciudadanía de los cambios que se avecinaban, resolviendo sus dudas y disipando sus temores. Ahora el caos del carril bici se halla en boca de todos y los daños colaterales los sufrimos la parte más vulnerable del tráfico y futuros usuarios de esos carriles, que somos objeto de críticas de toda índole y ya casi parecemos el enemigo público número uno, cuando lo cierto es que somos personas que ejercemos nuestro derecho amparado legalmente y víctimas inocentes de los comportamientos irresponsables de muchos automovilistas.