Pedaleando hacia el éxito en Kenia

21.01.2019

En 2003, Kenia declaró la educación primaria gratuita, lo que hizo aumentar la escolarización en un 104%, pero las instalaciones escolares continuaban siendo las mismas lo que alargaba las distancias de viaje para muchos estudiantes. El colectivo de las chicas jóvenes pasó a ser el más afectado, pero la combinación de la escolarización gratuita con la donación de bicicletas fue una la solución.

 ¿Cómo ibas a la escuela cuando eras joven? Para muchos en los países desarrollados, la respuesta es un medio de transporte que se da por supuesto, como un bus escolar o el coche de los padres. Sin embargo, el transporte fiable no es algo que los estudiantes de Kenia pueden dar por hecho. Para los keniatas, el transporte a la escuela es el pasaje a un futuro mejor.

En 2003, cuando en Kenia se garantizó el libre acceso a la escuela primaria, la matriculación total subió al 104%. Pero este aumento radical en el acceso no vino acompañado de una ampliación de las instalaciones escolares. A medida que muchas escuelas se esforzaban por acoger el flujo de nuevos alumnos, la falta de aulas locales obligó a los estudiantes de áreas rurales a trasladarse más lejos de sus hogares en busca de una plaza, lo que redujo los índices de asistencia y afectó negativamente los resultados lectivos; según un estudio, apenas un 63% de los estudiantes que se inscribieron en una escuela primaria gratuita finalizaron sus estudios, mientras un 58% de quienes se matricularon en el nivel secundario nunca se graduó.

Los traslados excesivos están privando a los jóvenes keniatas de la educación que se les ha prometido: en particular, las niñas son las más afectadas por la distancia. Afortunadamente hay una solución: combinar la educación libre con bicicletas gratuitas.

En las áreas rurales del país esto está ocurriendo poco a poco, y hasta ahora los resultados han sido notables. Considérese, por ejemplo, la historia de Carol, una estudiante de secundaria de 15 años que tenía que caminar seis kilómetros de la casa a la escuela, y viceversa, todos los días. Nacida en una familia pobre, no siempre podía llevar almuerzo y, debido que no todas las escuelas públicas de Kenia sirven comidas, a menudo se veía obligada a no poder realizar todas sus ingestas diarias. Esta falta de nutrición afectaba gravemente su capacidad de aprendizaje y concentración.

Y, sin embargo, la larga caminata y el hambre no eran lo peor; al igual que miles de otras chicas en áreas rurales y remotas de Kenia, la jornada de Carol no comienza con la preparación para ir al colegio. Tras levantarse a las 4:30 de la mañana, hace el desayuno para su familia y limpia la casa hecha de barro y paja. Luego, tras volver de la escuela, lava los platos y ayuda a preparar la cena. Para cuando todo eso está hecho, Carol suele estar demasiado cansada para hacer sus tareas escolares.

Pero hace unos años, su vida cambió de manera importante cuando se le dio acceso a un medio fiable, rápido y seguro para ir a la escuela: una bicicleta. World Bicycle Relief, una organización caritativa estadounidense que proporciona bicicletas gratuitas a personas en África, redujo su tiempo de transporte de dos horas a 30 minutos. Hoy Carol llega a la escuela sintiéndose fresca y alerta, lo que ha cambiado radicalmente sus perspectivas y rendimiento. Según nos dice, sus notas también están mejorando.

Leer artículo completo de BRIAN MALIKA